Patologías del vacío

La cultura actual propone desde sus características de consumo, la posesión de objetos externos que tranquilicen, valoren y resuelvan necesidades. Propio de esta era de consumo, así se llama la era en la que vivimos, también conocida como era digital. Es que los tiempos de la vida de hoy son otros que los de antes, y lo que importa y se destaca no coincide con lo que era épocas atrás. Vivimos en la era de la inmediatez, con el mundo al alcance de las manos, globalizados, frente a dispositivos electrónicos que nos dan respuestas de modo urgente, situación que, poco a poco, va modificando el comportamiento del ser humano. La frustración no se tolera y la angustia no se elabora, y se intenta neutralizar mediante distintos tipos de consumo, como drogas, compras, alimentos, dietas, cirugías y tratamientos estéticos, relaciones dependientes, hiperactividad, etc. Es decir, mediante la incorporación de objetos externos en un intento infecundo de llenar un vacío psíquico que no se puede elaborar.

Patologías del vacíoEn la clínica de hoy las patologías más frecuentes son las relacionadas justamente a esta dificultad de vérselas con el vacío. Se denomina a este grupo de fenómenos “patologías del vacío” y entre ellas encontramos la bulimia, la anorexia, las adicciones en todas sus versiones y las relaciones dependientes, entre otras. También se las conoce como “patologías narcisistas”.

Cabe preguntarnos qué habrá sido primero, el tipo de patologías propias de esta época o el cambio cultural que promueve y mantiene las características de dichos síntomas. Seguramente haya sido un cambio dual, ambos aspectos funcionando de modo conjunto.

Para comprender lo que sucede en estas enfermedades psíquicas no alcanza con una mirada sobre un cambio cultural. Es necesario pensar de un modo más profundo sobre aquello que haya funcionado como base para el desencadenamiento patológico.

El psiquismo del ser humano se construye en el interjuego del niño con su entorno desde los primeros momentos de la vida. En este encuentro, principalmente en la relación con su madre o sustituto, irá constituyendo su ser, es decir, irá elaborando un determinado modo de vivir.

La trama que conforma las condiciones para esta construcción psíquica estará dada por las particularidades de cada una de las partes que la componen, el individuo, sus primeros objetos de amor (sus padres) y el entorno en el que este encuentro se dé, teniendo en cuenta las vicisitudes culturales de la época.

En el transcurso de las primeras experiencias de la vida, a partir del modo en que sus necesidades sean satisfechas, el niño va aprendiendo a relacionarse con su mundo interno (sensaciones, fantasías, necesidades) y con el mundo que lo rodea. A pesar de un gran empeño de la madre, siempre habrá una parte de lo que el niño necesita que ella no le podrá dar, simplemente porque no tiene aquello que cubra la totalidad del deseo del hijo.
Este es un concepto central del psicoanálisis que define al ser humano y lo diferencia de los animales. Para intentar una explicación simple puedo decir que los animales cuando se alimentan buscan un objeto=comida en el mundo exterior que calme la necesidad de comer para sobrevivir. En cambio el individuo, atravesado por la cultura, en la primera experiencia de satisfacción, es decir, en el primer encuentro con la mamá que lo alimenta, además de recibir un objeto externo (leche) que calma el hambre, encuentra un placer que luego querrá recuperar cada vez que vuelva el impulso del hambre. Este encuentro dejará una parte sin satisfacer, y aquí entra en juego esta idea de algo que falta como constitutivo del ser. Ese vacío estructural.

En cuanto a la relación del niño y su mamá, cuando la suma de las primeras experiencias de satisfacción sea positiva, estarán dadas las condiciones par la constitución de un aparato psíquico saludable. Cuando sea negativa estará posibilitada la patología psíquica. No sólo de la madre y del hijo depende esta situación, la función del padre es muy importante. Si es adecuada logrará separar esta díada madre-hijo incorporando la noción de vacío necesaria; si no lo es, o es débil, facilitará una consecuencia patológica.
Como mencionaba, las patologías más frecuentes que llegan al consultorio hoy son las llamadas “patologías del vacío” o “patologías narcisistas”. Éstas se desencadenan de las fallas en la relación de asistencia que la madre o su sustituto debe brindarle al bebé frente a sus necesidades, y de las fallas en la función paterna. Cuando la madre alimenta a su hijo no sólo satisface el hambre para que el niño pueda sobrevivir, sino que, además, con su amor, con sus caricias, compartirá una experiencia satisfactoria, placentera, que el niño querrá volver a encontrar cuando vuelva a presentarse la sensación del hambre.
Para considerar adecuada esta experiencia es necesario que la madre brinde el alimento y el amor pero que lo haga sabiendo que a pesar de darle al hijo lo que él necesita, siempre habrá algo que no le pueda dar. Esta es la noción de eso que falta, que es estructural del ser humano, y que es justamente lo que nos mantiene en una búsqueda incesante en el transcurso de nuestras vidas. Saber y tolerar que algo falta es lo que posibilita una adecuada conformación psíquica que permita un funcionamiento saludable. Es lo que no sucede en las patologías, sobretodo en éstas que se relacionan con una intolerancia del vacío.

Se considera que quienes padecen bulimia y anorexia han tenido experiencias tempranas negativas, han recibido en esas primeros encuentros con el alimento y el amor de la mamá, una “papilla asfixiante”, que en lugar de alimentar dejando que algo falte para que surja el deseo en el niño, han colmado en exceso sus necesidades. Se trata de relaciones con madres que ellas mismas no toleran la falta, el vacío, e intentan llenarlo a través del hijo esperando de ellos toda gratificación. También puede ser el caso que estén atravesando un período depresivo lo cual será altamente perjudicial para la vida del niño.
Puede pensarse que la anoréxica con su rechazo al extremo del placer de comer, con su renuncia pulsional, encarna toda ella el vacío, “come la nada”, en un intento, de riesgo mortal, de mostrarle el vacío a la madre.

La bulímica intenta sostener la renuncia de la anoréxica pero no lo logra, la pulsión oral la supera y la lleva al atracón, que será de alimentos=basura que en nada se acercan al deseo, de los cuales se deshará con el vómito, volviendo así a la idea inicial de que no hay objeto (alimento) que pueda colmar el deseo, completarlo.

En el caso de las adicciones puede pensarse en un problema de presencia y ausencia. Presencia excesiva de una madre intrusiva que, de un modo similar a la de la anoréxica-bulímica que da una papilla que asfixia, con su exceso de respuesta a las necesidades del bebé, no dá el lugar necesario para que surja el deseo del niño. O una ausencia materna que no cumpla las necesidades básicas del bebé. Así el objeto de la adicción (drogas=relaciones=actividades, etc) será utilizado para rememorar aquella hiperpresencia materna o para reparar el dolor por una antigua ausencia. En ambos casos el vacío no se tolera, la angustia no se elabora, y se utilizan objetos que colman, obturan, dan la sensación de que se borra el vacío por lo menos mientras dura el efecto del objeto consumido.

Éstos fenómenos psíquicos, bulimia, anorexia y adicciones, pueden encontrarse en distintas estructuras de personalidad. Es por ello que la gravedad de los mismos deberá ser pensada en la particularidad de cada caso. Y será necesario observar si se encuentran combinados con síntomas depresivos o maníacos, entre otros. Leer la totalidad de la situación de quien padece alguna de estas enfermedades es esencial para diagramar el mejor tratamiento posible. Se trata de síntomas que suelen requerir una atención interdisciplinaria, es decir, en conjunto desde los responsables de la salud de las distintas áreas afectadas. Junto a un apoyo familiar que comprenda la gravedad de la situación y se disponga a tratar y a modificar lo que sea necesario para colaborar en la recuperación de quienes están sufriendo estas patologías.

Queda claro que por la complejidad de las afecciones mencionadas, éstas no pueden resolverse mediante el aprendizaje de nuevas conductas que compensen las que eran inadecuadas. No se trata de aprender a comer o de intentar desde la voluntad corregir acciones insanas. Se trata en realidad de plantear un trabajo que lleve a restablecer aquello que no funciona adecuadamente en lo profundo de la personalidad, que permita comprender el modo que quien padece encontró para vivir en este mundo, y buscar mediante la elaboración de aquello que pone en riesgo la vida misma, una nueva manera de vivir. Un trabajo que no será fácil pero que tiene buen pronóstico si se logra actuar en conjunto con los distintos especialistas de la salud que sean necesarios, la familia y, obviamente, quien padece el síntoma.

Lic. en psicología Constanza Bonelli
Consultorios en Nordelta y Belgrano: 4871-6634 / 156-272-2973
UBA matrícula 31906
Candidata de la Asociación Psicoanalítica Argentina
licbonelli@gmail.com

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