Pandemia y crisis. El cuidado de uno y del otro, y del otro en nosotros

Pandemia y crisis. El cuidado de uno y del otro, y del otro en nosotros

Por Lic. Constanza Bonelli

El cuidado se extiende desde lo que podemos considerar un cuidado muy estricto, como puede ser el aislamiento obligatorio o el toque de queda, hasta un comportamiento individual al borde del descuido o, incluso, al descuido mismo. Más allá de las políticas enfrentadas, existen diferencias notables entre los distintos modos individuales de enfrentar esta situación de pandemia. En esta discusión entra el cuestionamiento acerca de la presencialidad escolar que enfrenta a dirigentes y a individuos de ambos lados de la grieta. 

Pandemia y crisis. El cuidado de uno y del otro, y del otro en nosotros
Pandemia y crisis. El cuidado de uno y del otro, y del otro en nosotros

El contexto actual nos demanda un cuidado ciudadano además del cuidado personal. El psicoanálisis plantea la importancia del reconocimiento del otro, la autoafirmación depende de que un otro nos reconozca, a la vez que reconocemos al otro. En este interjuego existimos. Y el aislamiento, las restricciones, la no presencialidad escolar atentan de algún modo este circuito vincular.

La importancia del otro:

Freud plantea que frente al desvalimiento en el que nace el ser humano, necesita el cuidado de un otro, del cual depende la posibilidad de sobrevivir. La organización de la familia y posteriormente la sociedad, tiene como función contener el dolor, generar amor, promover esperanza, ayudar a pensar las emociones y acompañar el desarrollo de cada miembro. Esto continúa luego en la experiencia de cuidar los vínculos a lo largo de la vida. La ausencia de figuras contenedoras, de sostén, de límites, llevan al individuo a una soledad que puede tornarse insoportable. 

La pelea entre posiciones políticas en cuanto a las decisiones que la sociedad debiera asumir frente al covid, genera una sensación de desamparo y confusión constante, que lesiona lazos sociales atentando contra la consideración adecuada de uno y del otro, situación que finalmente daña al individuo y a la sociedad. Se pierde de vista lo esencial y en medio de la angustia que esto provoca prima el desconcierto y el desconsuelo. Todo esto entre noticias constantes de crecimiento de contagios, muertes y falta de camas para atender a los que enferman.

Lazos sociales:

El mundo atraviesa una situación extrema frente a la cual la revalorización de la ternura, del amor, de la consideración adecuada del otro resulta indispensable y se encuentra en crisis. Las restricciones apuntan a limitar el contacto social por razones obvias en consideración al contagio, y esto atenta contra la posibilidad de apoyarse en los lazos sociales como habitualmente estamos acostumbrados.

El otro también es el otro que nos cuida, así necesitamos que sea al nacer, y a lo largo de la vida esa necesidad primaria se transforma en otra forma de unión al otro como el respeto y la consideración amorosa. En este momento de agravamiento de la situación sanitaria,  el discurso político contradictorio pone en jaque la confianza necesaria para que ese cuidado nos brinde una sensación de protección, y así nos dirigimos al desconcierto que tanto nos angustia, que nos tiene en crisis. 

Las restricciones impuestas pueden ser vividas como privación de la libertad. Por el otro lado, también pueden ser entendidas como la libertad de elegir un cuidado personal y colectivo que pone en primer plano el lazo fraterno, la solidaridad. Una posibilidad de cuidarnos entre todos que depende del comportamiento de cada uno de nosotros. Cuidar al otro al cuidarnos a nosotros mismos, puede brindarnos una sensación de unión que repare, aunque sea en parte, la soledad y la vulnerabilidad que esta enfermedad trae como efectos secundarios que se suman a los tan temidos efectos físicos ya conocidos por todos. 

El covid es una enfermedad compleja. Pone en riesgo de muerte a quienes se contagian, además de atacar a la sociedad y a los individuos, al mundo entero, en sus costumbres, llevándolos al cuestionamiento más profundo sobre el modo de responder a esta situación.  

Toda crisis es a la vez posibilidad de crecimiento. Una mirada optimista verá en esta experiencia la posibilidad de un aprendizaje que enriquezca las habilidades humanas. 

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