Las consecuencias que se generan en las víctimas

El tema del abuso sexual a menores realizado por adultos perversos ha sido mencionado fuertemente en los últimos días por los casos denunciados en distintos clubes de fútbol que están siendo investigados sobre la posibilidad de incurrir en el delito de red de prostitución infantil. Si bien hoy nos encontramos con una mayor cantidad de denuncias sobre este tipo de delito, lamentablemente existe desde siempre. Es conocida la gran cantidad de abusos a menores realizados por curas. La iglesia desde hace tiempo está asociada a este aberrante delito. Me interesa poder pensar qué lleva a un adulto a cometer el abuso contra un menor, los modos en que ésto se dá, y las consecuencias nocivas que genera dicho abuso en las víctimas.

Las consecuencias que se generan en las víctimas

Las estadísticas actuales sobre los casos denunciados muestran un alto porcentaje tanto de niñas como de niños que son abusados sexualmente en la infancia. La mayoría de los casos suceden dentro del hogar y los abusadores son familiares directos de las víctimas, padres, abuelos, tíos, padrastros, etc. También existen abusos de adultos que desconocen a sus víctimas y estos casos revisten algunas diferencias con los anteriores. Entre estos últimos se encuentran los “groomers” que ejercen el abuso desde la creación de perfiles falsos en las redes sociales.
El abuso sexual está penado por la ley y se entiende por abuso cuando una persona con una posición de poder, un adulto, obliga o utiliza la coerción sobre un niño o niña para realizar cualquier tipo de actividad sexual. Es decir, cualquier actividad sexual forzada entre un menor y un mayor.

Existen abusos con contacto y sin contacto. Sin contacto son aquellas actividades como observar y mostrarse a niños de un modo sexual para la satisfacción del mayor. Hablar sobre la sexualidad con el mismo fin. Inducir a la víctima a la masturbación, a sacarse fotos y/o hacer videos, mostrar pornografía o hacer observar al menor relaciones sexuales de otros. En este tipo de abuso entra el grooming, que se da a través de las redes sociales, que puede llevar luego a un encuentro con contacto con el menor. Los abusos con contacto son tocamientos, masturbación mutua, actividad sexual oral, anal y vaginal. Otro tipo de abuso es el que da lugar a la trata de niños y a la creación de redes de prostitución infantil.
El abuso sexual es un comportamiento que viola el derecho que todos tenemos de decidir sobre nuestro cuerpo y acciones, que genera gran daño en las víctimas y hasta en la sociedad misma.

Un adulto que presenta la perversión del gusto sexual por niños y/o niñas menores de edad recibe el nombre de pedófilo. Y se llama pederasta a quien no sólo tiene esa misma condición sino que llega al acto sexual, consumando de distintas formas la relación con el menor. La pedofilia es un tipo de perversión que se describe dentro de un conjunto de perversiones llamadas parafilias, y se caracteriza por la presencia de fantasías sexuales recurrentes cuyo objeto es un menor, y en las cuales se refleja humillación y sufrimiento propio y ajeno como parte de la trama de dichas fantasías.
Lamentablemente no existe un perfil claro de los abusadores sexuales que nos permita identificarlos con facilidad. Pueden ser abusadores tanto individuos adaptados en ciertos aspectos en lo social, o inadaptados. Tampoco es exclusivo de alguna clase social ni económica, encontramos abusadores en todas las clases. Sin embargo, una vez identificados, podemos encontrar características comunes en todos ellos. En general son personas inmaduras, que sienten afinidad y atracción por la relación con los menores. En muchos casos han sido víctimas de abuso en la infancia y repiten en la adultez ese modo de relación pero cambiando de rol. Presentan generalmente fragilidad emocional, son impulsivos, agresivos y reaccionan de modo exagerado a distintas situaciones, sobretodo a aquellas que les genera frustración.

Se pone de manifiesto en el abuso una cuestión de poder. Las fantasías implican humillación de sus víctimas y asimetría por poder y conocimiento. Son manipuladores y tienen el control de la situación de abuso y cuentan con la vergüenza y la culpa que sienten las víctimas para no ser delatados y así prolongan indefinidamente el abuso. Esta necesidad de doblegar a los menores, someterlos y humillarlos, contando con los sentimientos que bloquean a los niños, convive con una personalidad posesiva y en extremo celosa. La manipulación puede contar con castigos y violencia.
El abuso puede llevarse a cabo bajo una acción violenta o desde la seducción del menor. Si bien sucede en ambos casos, la culpa es aún mayor cuando son seducidos porque los niños, confundidos, se sienten provocadores del abuso. Además como suele tratarse de alguien muy cercano los niños vivencian el abuso inmersos en un desconcierto. Esto ubica a las víctimas en una situación de sentirse atrapados y por ello no los delatan.

El abuso sexual genera graves daños en quienes son abusados debido al trauma que significa para ellos. Según la edad de la víctima, el tiempo que lleve en esa situación, el modo en que se dé, quién sea el abusador, encontraremos consecuencias más o menos graves, pero siempre existirán. Cuanto menor sea el niño, cuanto más temprano comience el abuso, dejará mayores daños porque el psiquismo del niño menor está todavía en formación y no cuenta con defensas apropiadas para elaborar el hecho traumático. Esta situación conmueve el psiquismo infantil por provocar una excitación inelaborable para ese yo en formación, es decir, que excede las posibilidades de comprensión del niño y ataca las funciones autoconservativas, aquellas que permiten el resguardo psíquico de posibles daños, generando la pérdida de identificaciones saludables, y promueve de este manera, modos defensivos patológicos, dando como resultado la conformación de un psiquismo dañado.

El impacto de esa sexualidad en el psiquismo inmaduro del menor genera un cortocircuito, es decir, no es posible para las funciones con las que cuenta comprender dicha situación. Es una intromisión que atenta contra una evolución psíquica saludable.
Desde el psicoanálisis tenemos la posibilidad de aportar una labor que lleve a una simbolización posterior de lo sucedido en la situación de abuso. El relato de la escena traumática frente a un otro que escucha facilita la integración de ese núcleo sin elaborar dentro del psiquismo, permitiendo unir el afecto y la angustia provocadas por el abuso a representaciones que permitan comprender lo traumático.
Para pensar en el abordaje de este tema en un análisis será necesario diferenciar si el abuso se produjo en un momento prematuro del psiquismo que haya permitido que la escena sea parte de la historia, o haya sido borrada de esa posibilidad. Si fue el primer caso, se intentará reconstruir la escena mediante el recuerdo para re significarlo, es decir, para entenderlo de una manera más adecuada. Por ejemplo trabajar sobre los sentimientos de culpa y vergüenza que el abuso despertaba en las víctimas y que no los dejaba defenderse, o pedir ayuda por medio de la denuncia de lo que sucedía. Si quedó borrada, significa que el trauma fue mayor y no pudo ni siquiera inscribirse psíquicamente, es decir, no pasó a formar parte de las vivencias que hacen a la historia de la víctima. Cuando sucede un hecho en extremo traumático y le sucede a un psiquismo inmaduro seguramente suceda ésto, un avasallamiento del yo, un aniquilamiento devastador de las defensas psíquicas apropiadas. Aquí el trabajo será reconstruir el narcisismo (el amor a uno mismo), es decir, comenzar a construir la identidad de la persona de un modo integrado, incluyendo el hecho traumático para poder elaborar una historia sin quiebres, sin huecos del recuerdo.
La catástrofe psíquica provocada por el abuso puede generar en las víctimas distintos tipos de patologías. Podemos observar conductas violentas, actos delictivos, desórdenes mentales en la adolescencia y en la vida adulta, conductas autoagresivas, consumo de alcohol y drogas, entre otras. Pueden transformarse en abusadores invirtiendo el lugar que ocupaban en la escena traumática, en una repetición patológica de lo sucedido.

Es muy importante hablar socialmente de este tema para que cada vez se denuncie más. Poner el tema en discusión promueve un entorno más comprensivo y observador de las situaciones de abuso sexual de modo que las víctimas podrán animarse más a denunciar. Es lo que viene sucediendo en los últimos tiempos que crece notablemente el número de denuncias de abuso sexual y se entiende que no está subiendo el índice de abuso sino el de las denuncias. El secreto es parte del delito, desde la culpa que los niños sienten, los abusadores llevan a cabo las escenas de abuso, manteniendo silenciadas a sus víctimas. Por ello denunciar y crear condiciones favorables para la denuncia nos aleja a todos como sociedad, de ser cómplices de estos hechos tan aberrantes.
Hablar de lo traumático genera la posibilidad de elaborarlo psíquicamente para quitarle el efecto patógeno que conlleva mientras se mantiene en ese estado, y posibilita una rehistorización saludable de la víctima.

Por Lic. en psicología Constanza Bonelli
Consultorios en Nordelta y Belgrano: 4871-6634 / 156-272-2973
UBA matrícula 31906
Candidata de la Asociación Psicoanalítica Argentina
licbonelli@gmail.com

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