Hipersexualizacion de la infancia

En la actualidad podemos observar que junto a un crecimiento cada vez más notable del feminismo, evidenciado en el último debate sobre la despenalización del aborto, convive una lamentable realidad que pone de manifiesto la violencia hacia la mujer. Desde las noticias constantes sobre violencia de género y las protestas de “Ni una menos”, hasta la hipersexualización femenina relacionada a edades cada vez más tempranas, que evidencia un tipo de violencia que pasa más desapercibido pero que es realmente dañino.
En medio del avance hacia la igualdad de género se vislumbra una solapada acción patriarcal, la hipersexualización femenina. Se entiende por “sexualización” un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual al margen de su dignidad y de sus aspectos personales. Y supone, además, la imposición de una sexualidad adulta a niños y niñas, quienes no están ni psíquica, ni emocional, ni físicamente preparados para comprenderla.
Esto se da en un marco en el cual la imagen sobresale en todas sus formas. En la era de las redes sociales la comunicación se reduce a una cuestión de imagen. Y en este terreno se desarrolla la hipersexualización de la mujer aplicada cada vez a edades más tempranas, en una exigencia de belleza femenina.

Hipersexualizacion de la infanciaEl desarrollo sexual es lo natural. A partir de la pubertad el cuerpo y el psiquismo experimentan grandes cambios relacionados principalmente a la transformación sexual que nos lleva de ser niños a ser adultos. Todo lo relacionado con el natural desarrollo sexual será comprendido y elaborado por el psiquismo púber en pleno crecimiento. Incluso la educación sexual previa a esta transformación es de gran utilidad. Pero esto nada tiene que ver con la “sexualización” que no es sinónimo de sexualidad sino que es una “objetualización” de la persona convertida en “objeto sexual”, es decir, “objeto de deseo” de otro, como única característica.

El patrón de “hipersexualización femenina” afecta a una franja muy grande de mujeres que podríamos enmarcar entre los 5 y los 60 años. Este patrón reduce a todas las mujeres comprendidas en esta franja a seguir cánones de belleza que corresponden sólo a quienes comprenden las edades entre 17 a 25 años aproximadamente. Es decir, las niñas menores de 17 años, incluso muy menores, desde los 10 años, sienten que deben convertirse en mujeres deseables, es decir, “objetos sexuales”, y quienes tengan más de 25, incluso mucho más, lucharán por mantener la misma imagen deseable, casi como si se intentara eternizar la apariencia de los 25 años de edad. Así vemos un grupo amplio de mujeres de distintas edades siguiendo un único canon femenino, el de la belleza estereotipada y reducida a la apariencia de unos pocos años, sin considerar la belleza en un sentido más amplio que respete el paso del tiempo.

El modelo femenino estereotipado se transmite desde los primeros años de vida de las niñas que se identifican con las princesas de los cuentos de hadas. Un grafiti dice: “Las princesas se comen la libertad de tus hijas… silenciosamente”.
Los estereotipos no se reducen a la imagen bella, sino atañen, además, al comportamiento. La princesa, sumisa, delicada, dependiente, queda a la espera del príncipe azul… que nunca llegará porque no existe, y cuya espera distrae de la construcción de un modelo de mujer independiente. Otro tanto en cuanto a daño provoca la tan conocida muñeca Barbie que impone la búsqueda de un cuerpo con formas inalcanzables naturalmente.

Aquí funcionan dos situaciones. Por un lado el esfuerzo por mantener esa imagen joven a pesar del paso del tiempo, “obliga” al consumo permanente de todo tipo de oferta relacionada a la imagen, venta de productos, tratamientos estéticos, hasta cirugías. Por otro lado, reduce a la mujer a la mera importancia de “cómo se ve”, dejando de lado otros tantos aspectos fundamentales de ellas como personas en lugar de objetos.
Esta “objetualización” atenta contra el desarrollo saludable del psiquismo, principalmente, de las niñas. Pone en riesgo la autoestima facilitando el desarrollo de patologías relacionadas a la sobrevaloración de la imagen, como pueden ser la bulimia y la anorexia, o conductas exageradas en cuanto al deporte, e incluso el uso excesivo de todo aquello que tenga relación con la imagen, cirugías y tratamientos estéticos.

Esto pone en evidencia que esta “hipersexualización” responde no sólo al machismo de nuestra cultura, sino también a necesidades de una sociedad de consumo, en la cual vender es el principal objetivo. De este modo esta “hipersexualización” nos muestra, si miramos con atención, la reacción de la sociedad patriarcal frente al crecimiento de la mujer en el desarrollo del feminismo actual. Solapada en la búsqueda de la igualdad de género, aparece esta “obligación cultural” sobre la belleza de la mujer. Bajo este mandato la mujer debe transformarse y mantenerse bella, para gustar al hombre. Si no logra este cometido no será “deseable” y por lo tanto, no será bien aceptada ni considerada por el resto de la sociedad, tanto de los hombres como de las mujeres que ya tienen internalizado dicho mandato de belleza femenina. Así la mujer sólo tiene valor si es sexualmente deseable, sino desaparece a la mirada de los demás. Este mandato es realmente empobrecedor del psiquismo femenino, que utiliza gran parte de su energía en la carrera interminable hacia “la belleza” dejando de lado cantidad de aspectos personales de gran importancia.

De este modo la independencia económica que la mujer logra con el avance de la igualdad de género, se ve contrarrestada con la dependencia emocional y afectiva frente a la aprobación masculina desde el valor de la belleza.
Las niñas tienen como modelos principales a sus madres. Un camino apropiado para cortar con esta exigencia femenina es que las madres logren correrse de ese canon de belleza. Aunque igual será difícil la lucha ya que se encuentra diseminado por toda la cultura.

En la era de las redes sociales donde la imagen es lo que prima, la idea de la mujer como “objeto sexual” del hombre está totalmente establecida. La moda, la música, las películas. En el ámbito de la moda no hace mucho hubo que implementar una edad mínima para la promoción ya que se estaba utilizando a niñas menores de 10 años para vender ropa sexy. Ahora se ha establecido que mínimamente tienen que tener 16 años las modelos de ropa de adultos. Algo similar sucede con la música y los videoclips que muestran a la mujer casi exclusivamente como objeto sexual.

Degradar el valor de la mujer contribuye a un incremento de la violencia contra las mujeres y refuerza las opiniones sexistas en detrimento de la igualdad de género, y terminan favoreciendo la discriminación laboral y la infravaloración de los logros de la mujer más allá de su belleza.

Lamentablemente las niñas van asumiendo con naturalidad esta “objetualización”, y de este modo se desarrollan mujeres más frágiles, vulnerables y dependientes.
La toma de conciencia de esta realidad es una herramienta fundamental para producir un cambio sobre esta exigencia hacia la mujer, y principalmente, las mujeres adultas que son los modelos de las más jóvenes.

Cabe mencionar que en esta era de redes e imagen, el abuso sexual a menores es habitual, y la hipersexualización de las niñas contribuye a que esta horrorosa situación permanezca.
Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en este tema de la “hipersexualización femenina”, pero es necesario que la mujer reaccione más allá de las exigencias reforzadas por los medios y comience a elegir dar importancia a otros valores más allá de la lucha contra el paso del tiempo. Que propongan otra mirada sobre la mujer en este avance sobre la igualdad de género y que se transmita a las generaciones venideras. Que las madres sean conscientes de que son los modelos de sus hijas y que los padres, figuras masculinas de referencia, transmitan una valoración ampliada de la mujer que no se centre en la belleza para no convertir a sus hijas en “objetos sexuales”.

Corrernos de una mirada patriarcal y favorecer la igualdad de posibilidades de todos los géneros nos convertirá cada vez más en una sociedad más sana.

Por Lic. en psicología Constanza Bonelli
Consultorios en Nordelta y Belgrano: 4871-6634 / 156-272-2973
UBA matrícula 31906
Candidata de la Asociación Psicoanalítica Argentina
licbonelli@gmail.com

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