Bullying: el alcance de la ley

Nota Publicada originalmente en Octubre de 2013

Un paso adelante ante un problema creciente
 
Hasta no hace mucho tiempo era una palabra casi desconocida para la gran mayoría. Hoy ya no es así y todos sabemos lo que representa esta palabra, y los estragos que causa en la vida de los chicos que lo padecen; la agresión física, verbal y/o psicológica en la escuela es algo que está presente desde hace tiempo en Argentina y lamentablemente  se presenta con  mayor  frecuencia que en el resto de los países de la región. 
Según  un trabajo de la Corporación Internacional para el Desarrollo Educativo (CIDE), Argentina figura al tope en un ranking que mide el bullying, y según un último  informe  en nuestro país los chicos pueden rendir hasta un 13% menos en los exámenes por ser víctimas de las agresiones de sus compañeros,  número que es alto en comparación a otros países de latinoamérica, en donde el promedio de rendimiento escolar disminuye un 9,68%.
Dada la importancia y las terribles consecuencias que día a día podemos escuchar en noticias sobre esta problemática: “Atacada a piedrazos por ‘ser linda’, “Un chico con retraso madurativo fue brutalmente golpeado por su compañeros”, “Investigan si un chico de 14 años se suicidó por bullying”, “Un nene de once años recibió una paliza en su viaje de egresados”, “En la escuela destruyeron la autoestima de mi hijo”, entre otros terribles recientes casos, la Cámara de Diputados de la Nación transformó en ley la iniciativa de “Promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas”.
Se trata de una norma que busca prevenir las situaciones de violencia escolar a través de la promoción de instancias de participación de la comunidad educativa.
Esta ley no se enfoca en el individuo como víctima o victimario, sino que pone el acento en el contexto en que se dan las interacciones.  “Cuando se generan situaciones de violencia en una escuela, los conflictos no son únicamente de un alumno -al que se lo suele catalogar como el “chico-problema”-, ni responsabilidad de un solo docente, sino de todos los miembros que integran esa comunidad educativa”, aseguró la diputada Mara Brawer (FpV), autora del proyecto, y agregó: “En casos de violencia escolar, lo inadmisible es el silencio pedagógico”.
Esta ley fue tratada y aprobada por la Cámara de Diputados el 21 de noviembre del año pasado. Luego, Senado la votó favorablemente el 3 de julio pasado, introduciendo algunas modificaciones, la iniciativa volvió para su aprobación definitiva en Diputados. Con esta sanción, se le dio fuerza de ley a la orientación de las políticas públicas que viene desarrollando el Ministerio de Educación de la Nación, como así también a los acuerdos del Consejo Federal de Educación porque esta norma impulsa el fortalecimiento de las instituciones educativas, docentes y equipos especializados para su intervención ante situaciones de violencia. También orienta las sanciones a partir de su sentido pedagógico y formativo; e insta a que las escuelas elaboren sus propios acuerdos de convivencia, lo que permite a los alumnos la apropiación de las normas.
La norma busca fomentar la creación de equipos especializados y también indica que los alumnos deben ser sancionados.
En cuanto a las sanciones, el texto apunta que deben ser educativas, graduales y progresivas. Y si como medida extrema se expulsa al alumno, las autoridades de la escuela tienen que buscarle otro establecimiento donde estudiar, porque debe quedar garantizado “el derecho a la educación”.
Como señalamos al inicio del presente, la norma toma en cuenta “el contexto en el que tiene lugar la transgresión” para no estigmatizar a los alumnos involucrados. Es decir, apunta a explicar los comportamientos violentos como producto de la trama de relaciones que se dan en un contexto determinado y pretende dar a los alumnos un espacio donde puedan plantear sus problemas, y que los docentes y los padres puedan intervenir. La norma busca fortalecer a los docentes e integrar a los papás, según su mentora.
La ley  exige registrar casos de hostigamiento escolar y a su vez prohíbe cualquier medida que atente contra la participación de docentes, estudiantes o sus familias en la vida educativa.  “Cuando ocurren los episodios de acoso a un niño, reconocemos que el factor más importante es la ausencia de los adultos responsables: maestros, autoridades educativas, padres”, analiza Sara Zusman, psicóloga especialista en niños y adolescentes.
Al ser de carácter nacional, la norma se implementará en todo el territorio aún cuando algunas jurisdicciones, como Buenos Aires, tengan su propia norma. El Ministerio de Educación pondrá un 0-800 para orientar a los padres -no precisa a partir de cuándo.
Luego de hacer un repaso general de los principales objetivos y pretensiones de esta ley que tiene por finalidad disminuir y hacer frente a los casos de bullying en nuestro país, podemos advertir que por ahora, la ley esta lejos de la realidad. Con las mejores de las intenciones, pero lamentablemente en nuestras estructuras educativas sigue faltando personal en los equipos de orientación, recursos y presupuesto para la conformación de gabinetes con especialistas capacitados para el abordaje de estas problemáticas, sin dejar de mencionar que muchas veces desde las propias familias se carece de contención y de herramientas para ayudar a los chicos en conflicto.
No obstante, es importante reconocer que el dejar plasmado el problema, normar medidas de intervención e incluso asentar respuestas para los casos que se suceden no es poco para una problemática que afecta la vida de nuestros niños y adolescentes, muchas  veces con consecuencias que condicionan el resto de sus vidas.
Entendemos que lo principal de esta ley es que saca de las manos de los chicos la solución del conflicto, dejando ver que necesariamente es un tema donde los adultos debemos tomar intervención y dejar de minimizar la cuestión creyendo que es meramente un tema ” de chicos”. La ley es una herramienta y a su vez una señal para entender que ante un caso que llegue a poder ser considerado bullying los adultos debemos intervenir. Y hoy contamos con una ley a la cual remitirnos a los fines de resolver el conflicto en cuestión.
Dra. Vanina Molina
Abogada. Estudio Poplavsky & Asoc.
www.poplavsky-nordelta.com.ar
Cómo detectar si un chico es acosado en la Escuela: 
Por los padres:
No quiere asistir a clase
Síndrome del domingo a la tarde: síntomas físicos.
Golpes y moretones injustificados
Irritabilidad, nerviosismo, cambio de carácter.
Tristeza
Insomnio
No tiene más ganas de ver a sus amigos, ni de salir de su casa
Pérdida de objetos
Pérdida del dinero que le dieron para el recreo
Cefalea, dolores abdominales
En el colegio:
Se ausenta frecuentemente
Falta de integración con pares
Descenso del rendimiento académico
No entrega la tarea cuando siempre lo hizo (quizás se la sacaron sus compañeros)
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