Especialistas advierten sobre el crecimiento sostenido de la miopía infantil y explican qué hábitos pueden ayudar a prevenirla o retrasar su avance

Cada vez es más común ver chicos usando anteojos desde edades tempranas. Lo que durante años parecía una situación puntual hoy se transformó en una tendencia global que preocupa a especialistas de todo el mundo: la miopía está creciendo de manera sostenida entre niños y adolescentes.
Actualmente, aproximadamente uno de cada tres chicos presenta algún grado de miopía y las proyecciones indican que para 2050 cerca del 40% de la población infantil mundial podría verse afectada por esta condición visual.
La miopía ocurre cuando el ojo crece más de lo normal y las imágenes se enfocan por delante de la retina en lugar de hacerlo sobre ella. Como consecuencia, los objetos lejanos se perciben borrosos y la visión a distancia se vuelve cada vez más dificultosa.
Pero el tema ya no pasa solamente por necesitar anteojos.

Según explica la Dra. Celia María Sánchez, jefa de la Sección Oftalmopediatría del Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Buenos Aires, el aumento de la miopía representa hoy un desafío de salud pública debido a que los casos más severos pueden asociarse en la adultez a enfermedades oculares de mayor complejidad, como desprendimiento de retina o alteraciones de la mácula.
¿Por qué cada vez hay más chicos con miopía?
Los especialistas coinciden en que existe una combinación de factores genéticos y ambientales.
Por un lado, es frecuente que los niños con miopía tengan antecedentes familiares. Sin embargo, en los últimos años aparecieron nuevos hábitos que parecen estar acelerando esta tendencia.
La reducción del tiempo al aire libre, la menor exposición a la luz natural y el uso cada vez más temprano e intensivo de celulares, tablets y otros dispositivos electrónicos modificaron significativamente la forma en que los chicos utilizan su visión durante gran parte del día.
Las actividades que exigen mirar de cerca durante períodos prolongados se volvieron mucho más frecuentes y, según los especialistas, esto podría influir en el crecimiento ocular y en la progresión de la miopía.
La importancia de detectarla a tiempo
Uno de los principales desafíos es que muchos niños no manifiestan síntomas claros.
A diferencia de los adultos, los chicos suelen adaptarse a ver mal de lejos sin darse cuenta de que existe un problema visual. Por eso los controles oftalmológicos durante la infancia cumplen un rol fundamental.
Dificultades para leer el pizarrón, acercarse demasiado a las pantallas, perder atención durante algunas actividades o entrecerrar los ojos para enfocar pueden ser algunas señales que merecen una consulta profesional.
Hábitos simples que pueden ayudar
Aunque no siempre puede evitarse la aparición de la miopía, sí existen estrategias que ayudan a retrasar su progresión y disminuir el riesgo de que alcance grados elevados.
Una de las recomendaciones más importantes es fomentar que los chicos pasen más tiempo al aire libre. La exposición a la luz natural parece tener un efecto protector sobre el desarrollo visual y distintos estudios muestran que dedicar al menos dos horas diarias a actividades en exteriores puede resultar beneficioso.
Los especialistas también aconsejan moderar el uso de pantallas según la edad, evitar que los dispositivos se utilicen demasiado cerca de los ojos y promover pausas frecuentes durante actividades de lectura o estudio.
Además, actualmente existen tratamientos específicos, como colirios de atropina en bajas dosis y anteojos especiales con tecnología de desenfoque periférico, que pueden ayudar a enlentecer la progresión de la miopía bajo supervisión médica.
Una mirada a largo plazo
En una época donde la tecnología ocupa cada vez más espacio en la vida cotidiana de niños y adolescentes, los especialistas coinciden en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Fomentar el juego al aire libre, equilibrar el tiempo frente a las pantallas y realizar controles oftalmológicos periódicos son medidas simples que pueden tener un impacto importante en la salud visual futura.
Porque detectar la miopía a tiempo no solo ayuda a que los chicos vean mejor hoy, sino también a cuidar la salud de sus ojos durante toda la vida.



