Por Mercedes Cordeyro (@viaja2net )
Cada 9 de Julio, el sentimiento de pertenencia se despierta. Esta vez y en el marco del mundial es una oportunidad para mirar cómo nos ven desde afuera
Si nos preguntarnos qué significa hoy ser argentinos quizás una de las respuestas más interesantes no esté dentro de nuestras fronteras, sino en cómo comenzó a mirarnos el resto del mundo.

Durante décadas, los argentinos cargamos con una fama difícil de modificar. Éramos vistos como soberbios, arrogantes, excesivamente orgullosos o convencidos de que todo lo hacíamos mejor. Un estereotipo instalado que aparecía en películas, comentarios de viajeros e incluso en el humor de otros países latinoamericanos.
Sin embargo, algo cambió.
Y ese cambio comenzó mucho antes de levantar la Copa del Mundo en Qatar 2022.
El Mundial que cambió mucho más que una estadística
La conquista de la tercera estrella no solo convirtió a la Selección Argentina en campeona del mundo. También permitió que millones de personas conocieran otra cara del país.

Las redes sociales se llenaron de videos de extranjeros emocionados con los festejos argentinos, analizando nuestras costumbres, aprendiendo qué significa compartir un mate, sorprendidos por los abrazos entre amigos, la cercanía familiar, la pasión con la que vivimos cada logro y la intensidad con la que sentimos cada derrota.
Lejos de la imagen del argentino distante o engreído, comenzaron a aparecer otros conceptos repetidos una y otra vez:
- La calidez humana.
- La importancia de la familia.
- La amistad como un valor central.
- La pasión por lo que hacemos.
- La capacidad de emocionarnos sin esconder los sentimientos.
- La solidaridad en los momentos difíciles.
Muchos viajeros que visitan el país destacan precisamente eso: la facilidad con la que un argentino invita a compartir una comida, recomienda un lugar o hace sentir parte de una conversación a alguien que acaba de conocer.
El poder de una persona para cambiar una narrativa
Es difícil hablar de este cambio sin mencionar a Lionel Messi.
Durante años fue cuestionado dentro de su propio país. Se le reprochaba no cantar el himno con suficiente efusividad, no demostrar emociones o incluso «no sentir la camiseta».

Hoy ocurre exactamente lo contrario.
Messi se convirtió en el rostro más reconocido de la Argentina y, probablemente, en el embajador más importante que el país haya tenido en las últimas décadas.
Pero no solo por sus logros deportivos.
Su liderazgo silencioso, su perfil bajo, el amor por su familia, la manera en que trata a sus compañeros, el respeto hacia sus rivales y una humildad que nunca perdió, aun siendo considerado uno de los mejores futbolistas de la historia, ayudaron a construir una nueva percepción sobre los argentinos.
En un mundo acostumbrado a las grandes figuras rodeadas de extravagancias, Messi mostró que también se puede liderar desde la sencillez.
Y esa imagen terminó proyectándose sobre todo un país.
La Scaloneta: un equipo que representó valores
La transformación tampoco fue obra de un solo jugador.
El cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni construyó una Selección donde las palabras más repetidas fueron equipo, respeto, esfuerzo y compromiso.
Las imágenes de los jugadores abrazando a sus familias, alentándose entre ellos, celebrando juntos o consolándose después de cada partido recorrieron el planeta.
Ya no era solamente fútbol.
Era una forma de mostrar cómo entendemos los vínculos.
Las redes sociales amplificaron una nueva Argentina
TikTok, Instagram, YouTube y X fueron protagonistas inesperados de esta transformación.
Un perfil que emociona es el de @soy.zachary por todo lo que dice sobre los argentinos.

Influencers de Europa, Estados Unidos y Asia comenzaron a contar su experiencia viviendo en Argentina o compartiendo momentos cotidianos con argentinos.
Muchos coincidían en las mismas observaciones:
«Nunca vi gente que abrace tanto.»
«Siempre tienen tiempo para conversar.»
«Son intensos, pero genuinos.»
«La familia ocupa un lugar enorme.»
«Viven el deporte y la amistad con una pasión difícil de explicar.»
Esos contenidos acumularon millones de reproducciones y ayudaron a romper prejuicios que durante años parecían imposibles de modificar.
El orgullo de ser quienes somos
Quizás el mayor aprendizaje sea que una reputación puede cambiar cuando los valores se sostienen con hechos.
El Mundial mostró una Argentina apasionada, sí. Pero también solidaria, resiliente, familiar y profundamente humana.
Nos recordó que la pasión no es sinónimo de soberbia.
Que emocionarse no es una debilidad.
Y que la humildad también puede convertirse en una marca país.
Este 9 de Julio, además de celebrar nuestra independencia, vale la pena celebrar algo más: que el mundo empezó a descubrir una versión de los argentinos que nosotros siempre supimos que existía.
Porque, muchas veces, la mejor forma de representar a un país no es levantar una copa.
Es demostrar, todos los días, los valores con los que elegimos vivir.



