Cerca de 80 jugadores participaron de una nueva edición del torneo solidario de Fundación María de Guadalupe en El Golf Nordelta, en una jornada que combinó deporte, networking y compromiso con la educación.

El Torneo de Golf Solidario de Fundación María de Guadalupe volvió a convocar a jugadores, empresas y vecinos en El Golf Nordelta, con un objetivo claro: acompañar un proyecto que trabaja desde hace años en educación e inclusión social.

Entre swings, conversaciones y recorridos por uno de los espacios más emblemáticos de la zona, el evento se consolidó una vez más como un punto de encuentro donde lo social y lo comunitario adquieren protagonismo.
Deporte con propósito
Organizado junto a Nordelta Golf Club y El Golf Nordelta, el torneo buscó contribuir al sostenimiento de las escuelas que la fundación tiene en Las Tunas y Nordelta, así como fortalecer su Programa de Inclusión Laboral para jóvenes.

El formato deportivo funciona como puerta de entrada a una conversación más profunda: cómo generar oportunidades reales a través de la educación. En ese sentido, los resultados son contundentes.
Actualmente, el 100% de los estudiantes de Fundación María de Guadalupe finaliza el secundario y lo hace con herramientas para proyectar su futuro. Un dato relevante en un contexto donde la deserción escolar sigue siendo uno de los principales desafíos sociales.
Un espacio donde también se construyen vínculos
El evento también opera como un ámbito de intercambio entre empresas, organizaciones y referentes de la zona interesados en impulsar iniciativas de impacto social.

Schroders, GEA Logistics, Pampa Energía, Hormetal, Balanz, HDIB, Brickell y Fratelli Branca fueron algunas de las compañías que acompañaron esta edición.

En ese cruce entre lo social y lo corporativo, el networking se resignifica y se integra con propuestas de compromiso comunitario y desarrollo educativo, una tendencia cada vez más visible en Nordelta y alrededores.
Acortar distancias desde la educación
En una zona donde conviven realidades muy diferentes a pocos minutos de distancia, proyectos como el de Fundación María de Guadalupe trabajan para reducir esas brechas con la educación como eje central.
Cada egreso, cada joven que logra insertarse laboralmente y cada familia que forma parte del proceso amplía ese impacto. Encuentros como este no solo lo visibilizan, sino que también contribuyen a sostenerlo en el tiempo.



