Por: Mercedes Cordeyro
El acceso a equipamiento para personas con discapacidad puede implicar procesos largos y complejos. En ese contexto, la fundación Programa Uno x Uno fue construyendo, desde 2015, un modelo propio basado en la cercanía, la escucha y el acompañamiento directo.

El programa nació a partir de detectar una necesidad concreta dentro del ámbito pediátrico: la dificultad de muchas familias para acceder a equipamiento adecuado en tiempo y forma. A partir de esa realidad, comenzó a desarrollarse una metodología centrada en conocer cada caso en profundidad, con visitas a los hogares, evaluación profesional y entrega personalizada.
“Detectamos que había una necesidad enorme, sobre todo en lo que es equipamiento. Y esa necesidad sigue existiendo hoy”, cuenta Jackie Ducoté, voluntaria y una de las coordinadoras del programa.
Casa por casa: un modelo centrado en cada familia
Uno de los diferenciales del Programa Uno x Uno es su forma de trabajo. El proceso comienza con una visita de relevamiento al hogar, donde el equipo analiza no sólo la condición del niño, sino también su contexto cotidiano.

“No es lo mismo vivir en una calle asfaltada que en un barrio con calles de tierra. Eso define qué tipo de equipamiento necesita ese chico”, explican.
El abordaje es integral: en cada visita participan profesionales de la salud, como kinesiólogos y terapistas, que evalúan y ajustan cada elemento según la necesidad específica.
Luego llega la segunda instancia: la entrega. Sillas de ruedas, bipedestadores, andadores o sillas de baño no solo se entregan, sino que se prueban y adaptan en el momento.
Impacto real en la vida diaria
Más allá del equipamiento, el impacto se traduce en calidad de vida.
“Vemos la felicidad del chico y de la familia. Sabemos que le estamos aportando mayor independencia y facilitando el día a día”, resume Ducoté. «La discapacidad ya es compleja en sí y cuando se le suma a eso entornos de pobreza es indescriptiblemente difícil».

En muchos casos, se trata de familias que necesitan resolver situaciones concretas para mejorar la movilidad, el traslado o incluso tareas cotidianas dentro del hogar. ¨Nos encontramos frecuentemente con casos de niños que nunca tuvieron, hasta nuestra llegada, una silla de ruedas”.
Una red que crece en todo el país
Con el paso del tiempo, el programa fue ampliando su alcance. Hoy cuenta con más de 20 sedes en distintas provincias, incluyendo San Juan, Misiones, Entre Ríos, Bariloche y localidades del interior bonaerense.
El crecimiento se dio de manera orgánica: a través del boca en boca, redes sociales y derivaciones de hospitales y centros de salud.

“La demanda fue creciendo mucho, y eso también nos llevó a sumar más voluntarios y a organizarnos para poder llegar a más casos”, explican.
Reciclar para ayudar
Otro de los pilares de la fundación es el banco de equipamiento, que permite reutilizar elementos en buen estado.
Las familias pueden donar sillas, andadores u otros dispositivos que ya no utilizan, para que sean reacondicionados y entregados a otros chicos.
“La idea es que el equipamiento circule. Que pueda seguir siendo útil y llegar a quien lo necesita”, señalan.

En este circuito, uno de los grandes desafíos es el espacio de guardado. El volumen de equipamiento recibido requiere depósitos adecuados para poder organizar, acondicionar y distribuir cada elemento. Contar con un espacio donado o un depósito fijo sería un paso clave para potenciar el alcance del programa y optimizar toda la logística solidaria.
Alianzas que potencian el alcance
Uno de los hitos recientes fue la alianza con una ONG de Estados Unidos, que permitió la llegada de 45 sillas de ruedas nuevas, especialmente diseñadas para brindar mayor confort, postura y durabilidad.
El proceso implicó meses de gestión y selección: la fundación fue elegida entre distintas organizaciones por su metodología de trabajo, su enfoque personalizado y el seguimiento que realiza en cada caso.
“La emoción cuando llegó el contenedor fue enorme. Ver las cajas cerradas, saber que cada una tenía un destino concreto, fue realmente muy movilizante”, cuentan desde el equipo.
Actualmente, esas sillas ya comenzaron a ser entregadas en distintos puntos del país, en función de las necesidades relevadas previamente.
Entre los casos, destacan el de un chico de 12 años que vive en una zona rural de la provincia de Misiones, a varias horas de los principales centros urbanos, y que hasta ese momento nunca había tenido una silla de ruedas propia. La llegada de este equipamiento no solo mejoró su movilidad, sino que también impactó directamente en su autonomía y en la dinámica diaria de su familia.
El desafío de sostener el crecimiento
A medida que el programa crece, también lo hacen sus desafíos. La logística, los traslados y el alcance federal implican una estructura que requiere recursos constantes.
“El principal desafío es poder sostener el programa en el tiempo y seguir llegando a más chicos en todo el país”, explican.
Cómo colaborar
La fundación invita a la comunidad a sumarse a través de aportes económicos o donaciones de equipamiento en buen estado.
“Cada aporte, por más chico que sea, suma y nos permite seguir acompañando a más familias”, concluyen.
Para conocer más, colaborar o ponerse en contacto:
- Instagram: Instagram → @programaunoxuno
- Facebook: Facebook → Programa Uno x Uno
- Link para donar: disponible también en bio de Instagram
Una red que acompaña
Con una lógica basada en la cercanía y el compromiso, Uno x Uno sigue consolidando un modelo que pone en el centro a las personas, acompañando cada historia con soluciones concretas.
Una familia a la vez.
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