En Nordelta aparecieron nuevas estructuras sobre algunas costas de los lagos y rápidamente llamaron la atención de vecinos y visitantes. Se trata de cinco nuevas rampas para fauna silvestre instaladas por la Asociación Vecinal Nordelta (AVN) con el objetivo de facilitar el acceso al agua y el desplazamiento seguro de animales como carpinchos y coipos.

Esta medida era reclamada desde hace tiempo por organizaciones y vecinos que impulsan la protección de los carpinchos y otras especies nativas. Durante meses pidieron la incorporación de rampas y accesos seguros en distintos sectores de los lagos, aunque sin obtener respuestas concretas. Recién ahora AVN decidió incorporarlas a su plan ambiental, sumándolas a otras acciones vinculadas al manejo de la fauna nativa, un tema que en los últimos años generó tantas adhesiones como cuestionamientos.
Una solución práctica para un problema creado por la urbanización
Según explicó AVN, Nordelta cuenta con aproximadamente 110 kilómetros de costa y muchos sectores presentan tablestacados, muros o desniveles que dificultan la entrada y salida de los animales de los espejos de agua. Las nuevas rampas buscan reducir esos obstáculos y permitir que la fauna pueda desplazarse de manera más segura.
Las estructuras fueron colocadas en sectores de Cabos del Lago, Oceana y Lago Escondido y fueron construidas con tablones de plástico recuperado por el propio equipo operativo de AVN.
El trasfondo: mucho más que cinco rampas
Aunque la noticia puede parecer menor, llega en un momento en el que cualquier intervención relacionada con los carpinchos genera discusión.
Las rampas forman parte de una estrategia más amplia que incluye la creación de un corredor biológico sobre el arroyo Las Tunas, donde se están plantando árboles, gramíneas y accesos cada 20 metros para favorecer la circulación de la fauna. El objetivo declarado es mejorar la convivencia entre urbanización y ecosistema.
Sin embargo, el debate sigue abierto.
Para algunos vecinos, estas obras representan una señal positiva: si los animales forman parte del paisaje de Nordelta, la infraestructura debería adaptarse para reducir riesgos y accidentes.
Otros se preguntan si estas medidas son suficientes frente a un problema más complejo. ¿Alcanza con generar corredores y rampas? ¿Es posible mantener el equilibrio entre el crecimiento urbano y una población de fauna cada vez más visible? ¿O se trata simplemente de mitigar consecuencias de una transformación territorial mucho más profunda?
Un tema que no deja de generar opiniones
La relación entre Nordelta y los carpinchos ya pasó por distintas etapas: desde la viralización de imágenes en redes sociales hasta los debates por controles poblacionales, traslados y planes de manejo autorizados por organismos provinciales.
En ese contexto, las nuevas rampas parecen representar un cambio de enfoque: en lugar de pensar únicamente cómo controlar la presencia de los animales, también se busca adaptar parte de la infraestructura para facilitar su circulación.
La pregunta que queda abierta es si estamos frente a una solución concreta para mejorar la convivencia o ante otro capítulo de una discusión que, en Nordelta, parece no tener final.
¿Vos qué opinás? ¿Las rampas son una medida necesaria para proteger la fauna nativa o una consecuencia inevitable de una convivencia que sigue buscando su equilibrio?



