Por Mecri Cordeyro
@viaja2net
A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega.
Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40.

El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo.
De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia.
Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia.
Qué son los baños de sonido
Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas.

A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente.
“No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega.
Qué sucede en el cerebro y el cuerpo
Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral.
“Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala.

Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración.
Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral.
“Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”.
Una búsqueda que empezó hace más de 25 años
La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal.
Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente.

“Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda.
Ese hallazgo marcó un punto de inflexión.
Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica.
“Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega.
Un spa para el sistema nervioso
Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas.
Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso.
“Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica.

El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma.
“Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”.
Una práctica que gana espacio en el mundo
El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo.
Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias.

“No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega.
Próxima experiencia
La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires.
Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria
Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos.
Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital.
“La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica.
Una pausa necesaria
Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto.
El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo.
Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.
Leer más noticias de Actualidad.



