En una ciudad planificada como Nordelta, con sendas internas y distancias relativamente cortas entre barrios y colegios, la bicicleta aparece cada año como una alternativa lógica… pero todavía poco utilizada.

Si bien algunos alumnos ya la eligen —principalmente en primaria y secundaria— la mayoría de los traslados siguen realizándose en auto, generando congestión en horarios pico en los accesos y zonas escolares.
Nordelta cuenta con ciclovías internas y espacios verdes que facilitan el traslado seguro dentro de los barrios. Sin embargo, todavía falta consolidar una cultura más activa en torno al uso cotidiano de la bici para ir al colegio.
¿Qué falta para que más chicos vayan en bicicleta?
- Mayor organización entre familias para traslados grupales.
- Espacios adecuados y visibles para estacionar bicicletas en los colegios.
- Educación vial reforzada.
- Coordinación entre instituciones y administración para promover campañas internas.
- Padres voluntarios reforzando cruces peatonales.

Más allá del impacto ambiental, fomentar el uso de la bicicleta implica beneficios concretos:
- Menos tránsito en horarios críticos.
- Más autonomía en chicos y adolescentes.
- Actividad física diaria incorporada a la rutina.
- Mayor conciencia comunitaria.
En barrios cerrados, donde las distancias suelen ser de pocos kilómetros, la bicicleta podría transformarse en parte del ADN escolar.
La pregunta que queda abierta es: ¿estamos listos como comunidad para cambiar el hábito?




