Altas temperaturas y personas mayores: señales de alerta y cuidados a tener en cuenta en casa

El calor no pasa desapercibido y para las personas mayores pueden convertirse en un riesgo silencioso. La deshidratación y el golpe de calor muchas veces no se manifiestan de forma evidente y, si no se detectan a tiempo, pueden generar complicaciones serias.

Desde el Centro Los Pinos, especialistas advierten que durante los días de altas temperaturas es clave extremar los cuidados y prestar atención a pequeños cambios que, aunque parezcan habituales, pueden ser una señal de alerta.

Altas temperaturas y personas mayores: señales de alerta y cuidados a tener en cuenta en casa

Con el paso de los años, el cuerpo cambia y responde distinto al calor. En la vejez el mecanismo de la sed se debilita: muchas personas no sienten ganas de tomar agua aunque su cuerpo lo necesite. Además, disminuye el porcentaje de agua corporal, los riñones retienen menos líquidos y el organismo tarda más en adaptarse a los cambios de temperatura. A esto se suman factores como la menor movilidad o el deterioro cognitivo, que pueden dificultar el acceso al agua o simplemente el recuerdo de hidratarse.

El riesgo aumenta cuando hay enfermedades crónicas o medicación de uso habitual. La deshidratación puede provocar mareos, bajadas de presión, descompensaciones en personas con diabetes, problemas renales e incluso infecciones urinarias.

Principales desafíos 

Uno de los mayores desafíos es que las señales tempranas no siempre se reconocen. Fatiga, debilidad, mareos, boca seca, piel reseca, orina oscura o escasa, confusión leve, calambres o pulso acelerado son algunos de los signos a los que conviene prestar atención.

La hidratación debe ser activa y sostenida durante todo el día. La recomendación general es llegar a los dos litros diarios, priorizando el agua, pero también se puede tomar limonada, leche, yogur bebible, jugos naturales, licuados, helados de agua, infusiones frías y caldos claros tibios. y evitar el alcohol, las bebidas muy azucaradas y el exceso de café o cafeína.

En el día a día, pequeños gestos pueden marcar la diferencia: dejar una botella de agua siempre a la vista, asociar la hidratación a rutinas cotidianas como la toma de medicación o el momento de levantarse, y ofrecer pequeñas cantidades varias veces al día. Adaptar las bebidas a los gustos personales y acompañar sin presionar también ayuda a sostener el hábito.

La alimentación cumple un rol importante: frutas, verduras y lácteos aportan agua, mientras que las comidas livianas, caseras y fraccionadas resultan más fáciles de tolerar durante el calor. A esto se suman medidas simples como usar ropa clara y liviana, ventilar los ambientes y mantener los espacios frescos.

En días de temperaturas extremas, la prevención y el acompañamiento cercano son claves. Estar atentos, preguntar cómo se sienten y ofrecer ayuda puede hacer una gran diferencia para que las personas mayores atraviesen el verano de forma más segura.

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