En un contexto marcado por el ritmo acelerado, las pantallas y la hiperconexión, la casa empieza a ocupar un rol distinto. Ya no es solo el lugar donde vivimos, sino un espacio de pausa, descanso y bienestar. Esa transformación se refleja de lleno en el diseño de interiores y en cómo se piensan hoy los hogares de cara a los próximos años.

Antonella Elberg, jefa de Interiorismo de Grupo 8.66, coincide en que las tendencias que se proyectan hacia 2026 dejan de lado lo puramente estético para enfocarse en cómo se sienten los espacios que habitamos a diario. Menos impacto visual inmediato y más calma, funcionalidad y disfrute cotidiano.
Minimalismo, pero con calidez
El minimalismo evoluciona hacia una versión más amable. Se aleja de los ambientes fríos y excesivamente blancos para dar lugar a materiales nobles y texturas que suman confort: maderas con vetas visibles, piedras naturales y textiles como lino o algodón. La idea es lograr casas simples, pero acogedoras, que inviten a quedarse.
Tecnología que acompaña, sin invadir
La tecnología sigue presente en el diseño de interiores, pero deja de ser protagonista. Electrodomésticos integrados, soluciones ocultas y sistemas pensados desde el diseño permiten disfrutar del confort sin saturar visualmente los ambientes. El objetivo es lograr espacios más ordenados y tranquilos, donde nada distraiga de lo importante.
Formas más suaves y orgánicas
Las líneas rectas y los ángulos duros ceden espacio a curvas y formas inspiradas en la naturaleza. Islas de cocina redondeadas, muebles con bordes suaves y transiciones más fluidas entre ambientes hacen que las casas se perciban más armónicas y fáciles de habitar.

En definitiva, los hogares que vienen buscan equilibrio: materiales que transmitan calidez, tecnología que simplifique y diseños que acompañen la vida diaria sin imponerse. Una forma de volver a lo esencial y de hacer de la casa un verdadero refugio.




